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Emerson Escalante
16:04
11/01/18

El #MeaCulpa de la Política Nacional

"Somos felices con ellos cerca, pero juzgando sus acciones a lo lejos. Somos felices cuando somos nosotros los que recibimos las migajas."

El #MeaCulpa de la Política Nacional

Estamos tan acostumbrados a ver a la clase política nacional cometer aberraciones que atentan contra el pueblo entero; todo por seguir al pie de la letra las instrucciones de quienes desean manejar a su antojo los aparatos del estado y así, favorecerse con sus decisiones y mantener sus intereses en todas las áreas, principalmente económicas y políticas. Unos defendiendo los intereses de algunos pocos, con agendas económicas al servicio de grupos reducidos, que temen ser saqueados por aquellos que abanderan el derecho de las grandes mayorías, y a su antojo reparten el despojo de algo que nunca les costó; leales a esquemas internacionales a todas luces fracasados. Y tanto unos como otros, se pasan las facturas de sus intereses; y lo quieran aceptar o no; somos nosotros los que pagamos el precio de sus eternos enfrentamientos.

Lo triste es que a pesar que los conocemos y sabemos de su proceder, siguen allí; ostentando cargos públicos y puestos de eminencia. Nos representan ante las naciones y se sientan a la mesa como si nada. Expresan su parecer como si en verdad les importáramos. Se lamentan sin sufrir lo que las mayorías sufrimos. Deciden por nosotros, porque nosotros les hemos dado la autoridad; aunque luego nos quejemos y critiquemos. Conocemos sus prácticas y la forma tan ensayada para llegar al puesto, aunque las primeras promesas en cumplir sean las que se hicieran ellos mismos; y cuando su periodo está por finalizar, recordar y disertar el mismo discurso, volver y abrazar a la abuela, saludar a la tía y cargar a los pequeños marcando la sonrisa en sus labios con la alegría pasajera que proporcionan los dulces y las piñatas. Prácticas viejas y conocidas, como en los años de la conquista aprovechándose de la inocencia del pueblo.

Tan miserables somos, que el tema de corrupción no importa, una vez acepten nuestra invitación para que engalanen nuestros eventos y se dirijan a la congregación; una vez que la ayuda que solicitamos llegue a nuestras manos, aunque esta sea parte de un presupuesto que nosotros mismos financiamos, pero que luego tenemos que suplicar para que sea aprobada. Asi somos felices, con una cultura democrática podrida y por el suelo.

Somos felices con ellos cerca, pero juzgando sus acciones a lo lejos. Somos felices cuando somos nosotros los que recibimos las migajas.

Entonces ¿Quiénes son más cínicos, ellos o nosotros? ¿Ellos a quienes les otorgamos a placer las decisiones del país o nosotros que creemos saber de política porque emitimos un sufragio sentimental? ¿Ellos que vacían a su antojo las arcas del estado, o nosotros que impedimos que las reglas del juego cambien y desarrollar así una cultura democrática anti ortodoxa; donde más que conformarnos con el bagazo, nos interesemos por la solidificación de un sistema equilibrado y justo para todos?

Y no se trata de creer que hemos encontrado la verdad por la bandera que representamos; se trata de reconocer, entre los unos y los otros, sus fortalezas; sus propuestas, y acompañar aquellas que sean dignas de respaldo, no por publicidad ni populismo; sino, por el bien común. No se trata de rojos o azules, no se trata de estrellas o cruces; se trata de nosotros.

Es imposible a estas alturas hacer desaparecer un instituto político "corrupto", pero si lo es, eliminar las viejas, conocidas y trilladas prácticas que generan corrupción. ¿Como? Dándole paso a una nueva generación de políticos cuyas trayectorias y perfiles hablen por sí mismos. Que sean capaces de dirigir y administrar; honorables, y que su respaldo no sea "el dinero suficiente para hacer campaña populista"; sino, que su respaldo sea lo que hizo con él, antes de ser candidato. Lo que hizo y hace por el país antes de llegar a las urnas.

No podemos negar que vivimos en un país en el que su gente vive a diario grandes necesidades, pero debemos aprender y decir un convincente ¡basta ya! de campañas con compra de voluntades, jugando con el poder del dinero y la necesidad del pueblo. Es allí donde las reglas del juego comenzarían a cambiar, porque la gente demostraría cultura y altos estándares de exigencia para elegir a una persona que tome las riendas de la administración publica en todos los niveles.

Se dice que tenemos los gobernantes que el pueblo se merece. Si deseamos que nuestros representantes sean diferentes, debemos cambiar nosotros primero, y al elevar nuestros estándares, por ende exigiremos mayor calidad, transparencia y capacidad de aquellos a quienes dotamos de poder.

Tenemos tan claro el color de la bandera que vamos a marcar, que ni nos molestamos en conocer las propuestas de trabajo, el equipo y sus perfiles, y las credenciales que lo acreditarían como personas competentes al cargo que ostentan. Debemos exigir debates, debates de altura, que no se escuden y centren en la crítica como su mejor arma; sino en las propuestas que apunten a la búsqueda de soluciones; exigir de manera pública y transparente la presentación y perfil de candidatos y equipos de trabajo. Exigir el uso transparente de las arcas del estado y no aceptar bajo ningún motivo la desaparición de documentos o la no presentación de estos. Y así sucesivamente, las que el pueblo pueda sumar y exigir.

¿Qué exigirías tú?



Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de Diario La Huella.

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