Miércoles. 18.07.2018
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Diario La Huella

El regalo (penalti) al Real Madrid

Sufrimiento extremo en el Bernabéu. La Juventus se puso 0-3 con dos goles de Mandzukic y otro de Matuidi. El Madrid reaccionó al final y marcó Cristiano.

El regalo (penalti) al Real Madrid

Se vio en el Bernabéu uno de los partidos más memorables de los útimos años gracias a una Juve inmensa. Honor a Allegri y a Buffon, que hicieron sentir al madridismo auténtico terror.

El gol de Mandzukic metió a la Juve en el partido de inmediato. Primer minuto. Lo que no había pasado jamás en la competición ya parecía posible. El Roma-Barça inspiró más a los italianos. La Juve iba directa a por el Madrid y Cristiano se dio cuenta y pidió a sus compañeros que subieran la defensa, que salieran del miedo en el que les metía la presión adelantadísima de la Juventus. También hacía gestos a la banda izquierda, por donde De Sciglio centraba un balón por minuto. El 0-1 vino por allí: Khedira para la llegada de Mandzukic, un 9 fuera de sitio, superior a Carvajal. Pero fue Douglas Costa el gran problema por esa zona. Llegó al ataque, probó a Keylor, y aprovechó la espalda de Marcelo y la lentitud reumática del ajuste defensivo. Costa era incontrolable.

El otro problema del Madrid eran los nervios de la defensa. Se notó la ausencia de Ramos. Vallejo sufría y su temblor se hacía colectivo cuando buscaba a Keylor. Ayudó Varane, rehaciéndose, pero el Madrid vivió aterrado en la salida de la pelota.

En el 8 chutó Cristiano, por fin, y comenzó a aparecer episódicamente Modric. Por su carril encontró a Bale, que probó a un Buffon rejuvenecido. Tanto que llegó a pararle un tiro a Cristiano, auténtica noticia pues llevaba 9 goles en 11 tiros.

El ambiente en el Bernabéu era raro. No solo porque se oyese sobre todo a la tiffosería, sobre todo por una sensación de incomodidad del Madrid, que no estaba del todo. La Juve se adueñó del espacio desde el inicio. El Madrid parecía extraño en su estadio, metido a medias en el partido, y desde luego sorprendido.

A la altura del minuto 20 mejoró con los toques de Kroos y la aparición de Isco, benéfica porque iba metiendo a la Juve de vuelta a su campo. La Signora respondía con Costa, siempre a la espalda de Marcelo, convertido en un sinvivir crónico para el Madrid.

La presión alta era la otra virtud de la Juve, con Khedira y Matuidi sobre los interiores madridistas. Vallejo sufría con Higuaín encima. El desastre se presintió cuando Varane comenzó también a perder balones.

Isco quería asumir el rol de hilandero, y hubo un par de llegadas, suya y de Kroos, a partir de robos altos del Madrid, primicias en un partido a contrapié. Pero Costa estaba suelto, se quedaba arriba, y la Juve hacía un juego directo y colectivo mientras que en el Madrid todo tenía una impronta personal y heroica. Así Carvajal y Cristiano les sacaron amarillas a Mandzukic y Lichsteiner, por pura insistencia y pundonor. Ellos serían los protagonistas del 0-2. De nuevo centro por la derecha al segundo palo, con Mandzukic inalcanzable por alto para Carvajal.

El gol generó ambiente de psicodrama. Era la Juve de la primera mitad de Cardiff, con Mandzukic estelar (un gol llevaba en 2018), pero enriquecida atómicamente por Costa y Matuidi. El Madrid sufría y Cristiano bajaba y corría entendiendo que en cada balón estaba la temporada.

Cambios tras el descanso

El Madrid salió con cambios del descanso. 4-5-1 con Lucas y Asensio. Es decir, el último 4-4-2 más Isco. El mejor equipo del Madrid, con Casemiro sacrificado por el objetivo del gol. Esa opción fue un poco lo que fue Casemiro en Dortmund hace años. Kroos se retrasaba ya para ayudar en la salida, aunque Costa seguía siendo un problema irresoluble.

Cristiano intentó sacudirle el miedo al estadio. Por si había dudas se adueñó del espíritu del Bernabéu. Asensio comenzó a centrar desde el fondo de la banda y el Madrid se hizo reconocible. Buffon le paró a Cristiano y Keylor a Higuaín. Se estaba jugando la final anticipada, se dirimía el título en esos minutos. Se sentía. Y ahí llegó el 0-3: Costa para otra diagonal de Matuidi, con la colaboración del cante de Keylor.

Los jugadores de la Juve, cercana la gesta, estaban engrandecidos, fortalecidos. Cada uno en su apogeo. Y en el Madrid comenzaban los acongojamientos con algunas excepciones como Carvajal y Cristiano. La Juve se adueñaba otra vez del mediocampo (soberbio Pjanic). El miedo era químicamente puro, y el Madrid alargó entonces sus posesiones con sumo cuidado, como si fuera la pelota un órgano vital. Kovacic suplió a Modric, el público despertó del terror. Llegaban ya Isco, Asensio, Varane... Se vio lo que es el Bernabéu, sus “minutos longos”, su cualidad de cima alpina con muchas revueltas. La Juve se replegó, hecha de repente caparazón, con un Matuidi enorme, intimidante en su presión.

Y en el descuento, minuto 93 otra vez, el penalti: Benatia invade a Lucas, con el sitio cogido. Pitable, protestable. Expulsan a Buffon, que sale ovacionado, no así Higuaín (misterios de la casa). Marcó Cristiano, inmortalizado en su nueva musculatura de Iggy Pop, de iguana del gol, y pasó el Madrid, satisfaciendo sus dos leyendas, la blanca y la negra.

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