Domingo. 16.12.2018
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Relato: “Para que esa plaga no regrese trabajamos de la mano con la Policía”

Salieron obligados por la muerte una tarde de septiembre de 2016.

Relato: “Para que esa plaga no regrese trabajamos de la mano con la Policía”

Ese día el éxodo de decenas de familias del cantón El Castaño, provocado por las pandillas, se prolongó hasta entrada la noche.

“Aquí quedaron solo las vacas y las gallinas”, recuerda Rafael, un curtido labriego que, embargado por la emoción, cuenta su testimonio de tragedia pero a la vez de victoria, durante una reunión de vecinos, llevada a cabo recientemente en el centro escolar del cantón, situado a unos 4 kilómetros en el sur del municipio de Caluco, en el occidental departamento de Sonsonate, para celebrar, ante la presencia de periodistas y policías, la paz y la tranquilidad que llevan disfrutando por más de año y medio luego de esa aciaga fecha.

Como muchos de sus vecinos, a mediados de septiembre de 2016 Rafael se vio obligado a abandonar su humilde vivienda y pertenencias y refugiarse por varios días, junto con su grupo familiar, en un albergue que la municipalidad improvisó en el casco urbano de Caluco.

No es lo mismo estar en un lugar ajeno que en la casa, dice, además si ya nos habían asesinado a dos vecinos ¿Qué más podíamos perder? se pregunta.

De ahí que el éxodo y el asesinato a tiros de dos habitantes del cantón a manos de terroristas de la pandilla 18 que se resistieron a colaborar con los criminales -dos homicidios que precedieron la desbandada- sirvieron como el acicate que impulsó a los pobladores a buscar de una vez por todas a la policía para que, trabajando de la mano, se lograra garantizar la seguridad y la tranquilidad de la que ahora, a más de 1 año y medio, disfrutan todos.

“La escuela se quedó sólo con 6 estudiantes” asegura por su parte la directora del centro escolar, presente en el convivio, al tiempo que aclara que hubo un reducido grupo de familias que al no poder pagar el costo del traslado o no soportar las vicisitudes a las que se veían obligadas a enfrentar al abandonar sus casas, permanecieron en el cantón.

“Los pocos alumnos que se mantuvieron en el plantel educativo provenían de esas familias” sostiene, “ahora tenemos 115 alumnos”.

Ese año -2016- creímos que nos quedaríamos sin alumnos para abrir al siguiente -2017- el séptimo grado, sin embargo ahora nos estamos proyectando impartir clases para el noveno grado en 2019, destaca optimista la profesora que junto con dos maestros más atienden a la población estudiantil desde hace 18, 13 y 11 años, de forma respectiva.

Antecedentes

La situación de El Castaño era compleja toda vez que los delincuentes, que asesinaron a dos pobladores y posteriormente provocaron la marcha de los habitantes, eran muchachos que nacieron y crecieron en el lugar, explica el jefe del puesto policial de Caluco, sargento Cortez, en el parque de Caluco, mientras espera la llegada del equipo de periodistas de un canal de televisión que ha viajado desde la capital al cantón, para recoger el testimonio de vecinos y policías sobre el control territorial.

Cortez es uno de los principales responsables del equipo de la Policía que, de la mano con los habitantes, ha logrado mantener la paz y el control del lugar, gracias a su espíritu de servicio y a la aplicación de buenas prácticas que contempla la implementación de la filosofía de policía comunitaria de la Institución.

Antes de la huida, a El Castaño comenzaron a llegar, además, delincuentes provenientes de otros municipios de Sonsonate, entre ellos Izalco, detalla un agente del grupo que trabaja con los pobladores, y “de repente el cantón se había convertido en refugio de estos delincuentes”, señala.

Los criminales mantenían sus madrigueras en unos cerros situados al sur del cantón hacia donde huían a esconderse cuanto la policía llegaba a patrullar el lugar, además de amenazar de muerte a los que los delataran ante las autoridades, apunta otro policía durante el trayecto de más de media hora en un pick up que se dirige hacia la reunión vecinal en el centro escolar.

La esperanza regresa a El Castaño

A pocos días del éxodo de septiembre de 2016, la policía, en un exitoso golpe antidelincuencial, detuvo a una treintena de mujeres y hombres, entre los que se contaban familiares y colaboradores de los criminales, originarios de El Castaño.

Posteriormente las autoridades aprehedieron, entre otros, a uno de los principales cabecillas de la pandilla, Marvin Arnoldo Valencia Sabrían, alias “El Chimbolo”, como autor material e intelectual del crimen.

Entonces la situación del lugar comenzó a cambiar de forma contundente.

Las autoridades de la delegación departamental de Sonsonate fortalecieron el patrullaje en la zona al destacar, de forma permanente, una unidad compuesta por policías y militares denominada Grupo Conjunto de Apoyo Comunitario (GCAP).

La confianza y la cooperación entre vecinos y autoridades fueron creciendo de forma gradual y sólida, lo que con el tiempo se tradujo en la seguridad y la distensión actuales.

Como secuencia de la cooperación entre vecinos y autoridades, esta vez los que huyeron fueron los pandilleros. Algunos cayeron en manos de las autoridades y ahora guardan prisión a la espera de su sentencia. Entre los arrestados, además del Chimbolo, se halla Fernando Omar Vásquez (22) alias el Enano, a quien la policía detuvo en el año 2017, señalado como uno de los que obligaron a los pobladores a huir en 2016. Además, es acusado de la muerte de un agente en 2015.

Otros, en cambio, persistieron en el crimen ahí mismo donde buscaron escondrijo. Cuando la Policía los descubrió atacaron a las autoridades, originándose enfrenamientos en donde perdieron la vida, como los ocurridos a finales de septiembre de 2016 en la hacienda Los Violantes, y en abril de 2017, en el cantón Suquiat, con el saldo de tres muertos. Mientras que a mediados de noviembre de 2017, desconocidos dieron muerte a dos presuntos pandilleros en el cantón El Zapote, siempre en la jurisdicción de Caluco.

Actualidad: Cero homicidios

“Hoy estamos contentos y satisfechos”, “Gracias por su apoyo” y “Ahora en un tiempo diferente”, “No queremos que vuelva esa polilla”, “Si la policía se va, nos vamos nosotros también” fueron algunos de los testimonios de las decenas de pobladores entremezclados con los estudiantes, periodistas, soldados y policías, pronunciados, micrófono en mano, en medios de los aplausos.

“A los padres de familia les pido que me permitan trabajar con la semillita que tenemos como son los niños” dijo el agente Joel Ruiz, mientras era observado por el jefe de la Delegación de Sonsonate, subcomisionado Hugo Padilla y su equipo, presentes en el convivio.

Ruiz recién sustituye al jefe de la patrulla que se mantiene en la zona.

“Porque es el fruto que vamos a recoger en seguida, es el fruto que nos va a limpiar la mala imagen que ha quedado del cantón anteriormente y que en esta ocasión está en un proceso, los jóvenes por igual, pido a los padre que permitan trabajar con ellos en materia preventiva, padre que ama a su hijo lo corrige, más el que no lo ama lo deja a su antojo”, concluyó.

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