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Viernes. 15.12.2017
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Diario La Huella

Dejó que le robaran el celular y espió al ladrón

Para lograr este objetivo, ideó todo un plan: dejó que le robaran otro celular, al que le instaló un programa espía, y luego grabó un documental en el que registró todo lo que hacía el ladrón y el camino que tomaba el teléfono.

Foto archivo || Teléfono Celular
Foto archivo || Teléfono Celular
Dejó que le robaran el celular y espió al ladrón

Después de que le robaran el celular y luego de vivir la angustia de no saber dónde iba a parar aquel aparato que contenía bastante información importante sobre su vida, Anthony van der Meer, un joven cineasta holandés, quiso actuar. ¿Qué pasaría si pudiera saber qué sucede con el teléfono cuando es robado?

Para lograr este objetivo, ideó todo un plan: dejó que le robaran otro celular, al que le instaló un programa espía, y luego grabó un documental en el que registró todo lo que hacía el ladrón y el camino que tomaba el teléfono.

“Cuando me hurtaron el celular, no tenía ninguna clave de seguridad, así que la persona tenía acceso a todo. Eso me hizo preguntarme dónde terminan los teléfonos robados”, cuenta Van der Meer en entrevista con EL TIEMPO.

El molesto episodio lo llevó a crear su corto Find my phone, que ya superó las seis millones de vistas en YouTube.

Para hacerlo, compró un celular Android e instaló la aplicación Cerberus en el sistema. Así podía acceder remotamente a la cámara del celular, tomar fotos y videos, grabar audios, ver la ubicación y los mensajes y prácticamente tener control total del smartphone.

Cambió el nombre de la herramienta para que esta no fuera reconocida y se fue a sitios concurridos y turísticos en Ámsterdam (Holanda), para dejar el aparato a la vista y esperar que alguien lo tomara.

Después de varios intentos logró su objetivo: el celular estaba en manos de un desconocido, quien, para su sorpresa, se quedó con el teléfono. Se trataba de un hombre, al parecer de origen egipcio, de aproximadamente 40 años.

Anthony comenzó a tomar varias imágenes y grabaciones diariamente en diferentes momentos del día, hizo copias de sus contactos y guardó los lugares que el hombre visitaba. “Quería saber qué tipo de persona era, así que traté de juntar información sobre su vida, su entorno social y sus citas”, cuenta.

Durante el proceso, el joven descubrió que el ladrón era un hombre de bajos recursos que pasaba sus noches en albergues. Soledad, tristeza, necesidad; Anthony empezó a experimentar junto con él los sentimientos que invadían a este hombre. Estaba logrando lo inimaginable: sentía empatía y compasión por la persona que lo robó.

“Vi muchas cosas sobre él y al final me sentía triste porque, por ejemplo, leía mensajes en los que decía que no tenía dinero para el tiquete del bus”, afirma. “Llegué al punto en que me sentí mal porque cada vez que lo rastreaba le gastaba su plan de datos y terminé recargándole, sin que supiera, su teléfono”, agrega.

Parecía que van der Meer ya hacía parte de su vida. Durante el día, escuchaba las oraciones que realizaba y las conversaciones que tenía con una mujer llamada ‘Miss Rusia’. Pero tras hacer un seguimiento por dos semanas, algo inesperado pasó: el celular aparecía desconectado. Anthony decidió ir a los lugares que frecuentaba. Se lo cruzó de frente y, asegura, vivió uno de los momentos más angustiosos de su vida. La percepción que tenía del hombre que creía conocer cambió radicalmente.

“Pensé que era un viejo solitario, pero cuando lo vi de frente lucía bastante agresivo y olía a drogas. Era totalmente diferente”, señala. “Fue una situación muy estresante porque él tuvo mis fotos en el celular por varios días, así que me podía reconocer”, añade.

Anthony dice que obtuvo lo que esperaba: rastrear el celular y conocer la historia del ladrón. Pero también descubrió lo aterrador que puede resultar el transporte de información. “Los datos no dicen nada sobre la persona hasta que realmente los interpretas. Quizá yo quería verlo como alguien amable, pero si yo hubiera querido que fuera un criminal, la información que obtuve también hubiera podido soportar esa teoría”, dijo.

Pero la trama no ha llegado a su fin. El teléfono siguió siendo usado por otra persona en otro país. El cineasta espera en el futuro poder mostrar el ciclo completo de su teléfono robado porque como lo dice en su filme siempre que el celular se conecte a internet, la historia continuará.

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